El masaje terapéutico como viaje a la memoria corporal

El papel del tacto, la percepción corporal y el masaje terapéutico en la regulación del sistema nervioso, el bienestar emocional y nuestra relación con el cuerpo.

En los últimos años, el interés por el potencial de la masoterapia ha ido mucho más allá de la simple relajación o el alivio del estrés. Conceptos como la memoria corporal están cobrando una importancia fundamental en el ámbito de la salud integral.

Lejos de concebirse como un mero recurso sintomático o un lujo relajante, el tacto se consolida como una vía epistemológica: una forma de conocer, ordenar y sanar lo que el cuerpo ha custodiado en silencio.

El cuerpo como sujeto de conocimiento

La visión integradora hunde sus raíces en culturas clásicas que ya entendían la profunda interconexión entre la psyche (alma/mente) y el soma (cuerpo). En la antigua Grecia, la salud no se entendía como la ausencia de enfermedad, sino como un estado de armonía y equilibrio dinámico.

Médicos y filósofos como Heródico de Selymbria defendían que el movimiento y la fricción del cuerpo eran indispensables para la salud integral. Su discípulo Hipócrates, considerado el padre de la medicina occidental, formalizó el uso del masaje terapéutico (anatripsis) dejando constancia de que el terapeuta debe usar sus manos tanto para dar firmeza al tejido laxo como para relajar la estructura que se encuentra demasiado rígida y contraída (1). Siglos más tarde, Galeno detallaría la importancia de adaptar la presión y dirección del tacto a las necesidades del alma y del organismo, sentando las bases históricas de lo que hoy validamos en consulta.

Hoy en día, teorías modernas como la cognición corporizada (embodied cognition) y la teoría enactiva respaldan que nuestras experiencias físicas y mentales están íntimamente entrelazadas y se influyen mutuamente.

El cuerpo no es un simple «vehículo» que recibe órdenes del cerebro: nuestros procesos cognitivos (pensar, recordar, decidir) están configurados y limitados por los detalles de nuestra estructura física, una premisa clave al abordar trastornos arraigados en el cuerpo como el estrés postraumático (2).

Cuando un sistema nervioso se ha visto superado por una vivencia dolorosa, el relato verbal de la experiencia a menudo no es suficiente. La huella del trauma no reside únicamente en un recuerdo narrativo en la memoria explícita; está inscrita en la alteración tónica y fisiológica del tejido. Por ello, el contacto manual y el estímulo cutáneo abren una vía de acceso directa allí donde la palabra tradicional a veces encuentra un límite defensivo.

De esta manera, el conocimiento y la mente no se producen de manera abstracta dentro del cráneo, sino que se co-crean de forma continua a través de la interacción directa, dinámica y relacional entre nuestro cuerpo y el entorno que habitamos.

Percibir es actuar

Que la percepción nos orienta a la acción es un concepto que podemos tener bastante claro (por ejemplo, cuando vemos un obstáculo en el suelo y, de forma automática, nuestro cuerpo ajusta el paso y la dirección para esquivarlo). 

Pero el cuerpo no es un receptor pasivo de esta información. Para percibir un objeto, el cuerpo entero participa: movemos los ojos, giramos la cabeza, ajustamos la postura o estiramos las manos. Esto se observa de forma muy evidente en el desarrollo de un bebé, cuya capacidad de comprender el mundo va madurando a través de la exploración física. 

El filósofo Alva Noë lo explicaba con una analogía muy clara: “percibir no es como ver una fotografía, sino que se parece más a palpar el mundo con el bastón de un ciego”. El conocimiento real de lo que nos rodea no surge de una mirada pasiva, sino del movimiento y del roce potencial con ello (3) 

Si percibir es una forma de actuar, significa que un cuerpo contraído, asustado o crónicamente estresado percibe un mundo completamente diferente al de un cuerpo regulado y seguro. 

Por eso el masaje terapéutico y el trabajo corporal actúan directamente aquí: al cambiar el estado del tejido, la tensión y la movilidad, cambiamos la forma en que el cuerpo se mueve y se posiciona, cambiamos cómo actúa, y por tanto: cambiamos  lo que es capaz de percibir. 

Percibir no consiste únicamente en recibir información, sino en transformarse con ella

La resonancia corporal: el mundo a través del tejido

Para comprender la profundidad del tacto terapéutico, es útil introducir el concepto de resonancia corporal (bodily resonance), desarrollado por el psiquiatra y filósofo Thomas Fuchs (4). Fuchs explica que nuestro cuerpo actúa como un medio de resonancia para nuestra experiencia afectiva. Cada emoción, miedo o interacción tiñe nuestro tono muscular, nuestra respiración y nuestra tensión visceral de forma pre-reflexiva (es decir, antes de que nos demos cuenta de forma consciente).

Esta resonancia corporal es la que «impregna» y da color a nuestra percepción del entorno. Si la resonancia del cuerpo se altera (por ejemplo, si vivimos en un estado constante de contracción defensiva o rigidez), nuestra percepción afectiva del mundo exterior cambia en consonancia.

  • El bucle de la hipervigilancia: Si asumir que percibir es una forma de actuar es cierto, las implicaciones clínicas son inmensas. Significa que un cuerpo contraído, asustado, acorazado o crónicamente estresado percibe un mundo completamente diferente al de un cuerpo regulado, flexible y seguro. Un cuerpo rígido proyecta un entorno amenazante porque sus posibilidades internas de movimiento y de respuesta están severamente limitadas.

  • El masaje como reedición de la percepción: Por eso el masaje terapéutico y el trabajo corporal inciden directamente en este bucle de retroalimentación somática. Al cambiar el estado del tejido blando, al regular la temperatura y disolver la tensión crónica, modificamos la resonancia del cuerpo. Al cambiar cómo el cuerpo resuena físicamente, cambiamos la forma en que el individuo se posiciona y se mueve; cambiamos cómo actúa y, por lo tanto, transformamos de raíz lo que es capaz de percibir tanto de su mundo interno como de las personas que le rodean.

Las investigaciones más recientes en el campo de la «medicina del tacto» demuestran cómo el estímulo cutáneo y el masaje profesional acceden directamente a nuestros procesos interoceptivos (la capacidad de sentir el cuerpo por dentro) y regulan los ejes del estrés en el sistema nervioso central, disminuyendo la sobreactivación biológica y devolviendo al organismo una sensación profunda de seguridad (5).

Podemos concluir, entonces, que ya sea para aliviar un dolor físico persistente o para buscar una vía de liberación emocional, el masaje terapéutico no es un mero tratamiento pasivo de manipulación de tejidos. Es un proceso activo de diálogo que nos abre un camino de autoconciencia, integración y sanación profunda (6).

Qué nos dice la evidencia:

¿Qué muestra la investigación?
 

La evidencia disponible sugiere que el masaje terapéutico puede contribuir a la reducción de la ansiedad, favorecer la regulación del sistema nervioso autónomo, disminuir algunos marcadores fisiológicos de estrés y mejorar la conciencia corporal y la percepción interna del cuerpo.

  • 1. Arranz B. La Anatripsis en el Corpus Hippocraticum: el origen del masaje terapéutico en la medicina occidental. Rev Filos Med Clásica. 2018;12(2):45-58.

  • 2. Cowart M. Embodied cognition, PTSD and trauma theory. The Philosophers’ Magazine. 2020;(89):84-91.

  • 3. Noë A. Action in perception. Cambridge (MA): MIT Press; 2004.

  • 4. Fuchs T. Embodied affectivity: on moving and being moved. Front Psychol. 2014;5:508.

  • 5. Müller S, et al. Touch medicine: bridging the gap between recent insights from touch research and clinical medicine. Front Psychiatry. 2024;15:1117732.

  • 6. Röhricht F. Body oriented psychotherapy. Psychiatry. 2009;8(4):143-7.

El masaje terapéutico no sustituye el trabajo psicológico cuando existe trauma, pero puede convertirse en una vía de acceso a la experiencia corporal, a la regulación y a una forma distinta de habitar el propio cuerpo.

Descubre cómo el tacto terapéutico puede apoyar la regulación del sistema nervioso, la conciencia corporal y la reconexión con el cuerpo tras experiencias traumáticas.

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Sobre la autora

Beatriz Arosta

Soy psicóloga y terapeuta corporal especializada en salud, conexión mente-cuerpo y transformación humana. Escribo sobre psicología, ciencia, arte y experiencia humana desde una perspectiva integradora y basada en la evidencia, explorando diferentes caminos de comprensión y cambio.

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